Grito infame que interrumpe el curso del río ruido,
piar de un mortal que grita
e insulta a los muertos y al vulgar estruendo
de su mismo sonido.
Dos mil quinientos
cinco.
Grito demente que aturde a las guitarras cuerdas;
lengua que se mueve viva,
busca su propio sentido y se cobija en nuestro
consciente vivo.
Son tres no sesenta.
Digo:
Grito de ventrílocuo escondido tras tu muro espalda,
grito que susurra,
grito que se larga, que exagera,
grito que te habla desde nubes negras.
Desde aquí miro y río ruido.
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