Tuve treinta árboles
Contra los que chocarme.
¡Treinta malditos árboles!
Y me choqué con el más fuerte.
El quinto
Es mucho más bajo que el sexto.
El séptimo es llano.
El octavo ni es verso.
Pero le sigue el noveno
Enrrollado a las ramas
Del décimo, undécimo,
Décimo segundo
Y posterior puesto.
Esto no es vida
Para treinta árboles
Que puestos en fila
Simulan ser normales.
Sus hojas se afilan
Y acaban cortándose.
En veinte sequías
Se beben la sangre,
En veintidós días
Ya van agotándose.
¡Quién necesita árboles!
Voy a quemarlos todos.
No sirven para nada
Y vosotros sois testigos.
Yo te quemaría, de esto sé consciente,
Pero me lo he prohibido, maldito
Árbol fuerte.
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