El sol amenaza con lucir,
pero sabemos que sólo amenaza.
Que ya amenazó hace un tiempo
y lo hace por aburrimiento
o por algo que no es nada,
y que lucirá en su momento
cuando la luz que guarda
esté casi agotada
y tengamos que beber su luz
y ver cómo se acaba.
Pero allí sigue el sol,
amenazando,
cuidando que ninguno de sus rayos
roce nuestra piel.
A veces anuncio
que un día saldrá el sol.
A veces me pregunto
si tú lo quieres ver.
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