miércoles, 10 de septiembre de 2014

Una carta leída en la oscuridad

Una vez, dos veces,
pero no la cuarta.
Teniéndote tan cerca es inevitable
ver tu cuerpo incandescente
encendiendo velas de escarcha.

Una vez, dos veces,
¿cuántas rehusaré tu palabra?
Cuando mi alma muerta no hable
se declarará inexistente,
recordará tus oscuras luces blancas
y te escribirá una carta.

Si maltratas a tu piel
esta se hace retales.
Muerdo a la benevolencia
y atravieso otra existencia
con las notas musicales
de tus tempos astrales
para morir otra vez a tus pies
y completar esta cadencia
originada por carencias.

Varias veces, varias,
dándote balas con las que poderme disparar,
seduciendo mis hielos del pecho,
derritiendo mis clavos ardiendo,
atravesando mis días, mis sueños;
sonando en lugar de jazz
tus palabras que no me abandonan:
ventanas, mujeres negras,
poesía, tu cielo y mi tierra...

Si algo como esto no funciona
es por nuestra (no) voluntad,
aunque al final hable solo
cuando pronuncio un te quiero
a las estrellas de tus ojos.

Odio lo que empieza por A.

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